Hoy es el día del fin del mundo 2012 (porque ya hemos tenido varios en otros años) y no va a faltar una entrada en este blog dedicada a la humanidad entera, y es que hoy trabajando en C++ me he dado cuenta de que dios (no se ofendan si lo pongo con minúscula a veces) era un estudiante de matemáticas que se pasó implementando un programa en informática I.
Los pasajes de la biblia acerca de la creación mundial están maquillados, y cualquier persona con 2 meses de carrera de matemáticas puede darse cuenta de eso (posteriormente, irá al infierno).

Los iré enunciando, pero mis testimonios no son más que simples evidencias:

Día 1: En el primer día Dios creó la luz y la separó de las tinieblas. Dios vio que la luz era buena y así concluyo el primer día. A la luz llamó día y a la oscuridad noche. (Génesis 1:3-5)

Día 1: Dios hizo int luz,tinieblas; pero no le gustaba y las separó en int luz; int tinieblas; vio que le compilaba, guardó, cerró y se dijo a si mismo "Suficiente por hoy", pero luego se sintió mal y dentro de la función main puso luz = dia; tinieblas = noche;

Día 2: En el segundo día de la creación Dios separó los cielos y la tierra. Dios hizo esto creando un espacio para separar las aguas de la tierra con las aguas de los cielos. (Génesis 1:6-8) 

Dia 2: Dios declaró int agua_cielo, agua_tierra; y luego int espacio = (agua_cielo+agua_tierra) / 2*1.0  (Al principio no multiplicó por el 1.0 y llovía hacia arriba)

 Día 3: Dios continúo organizando su creación en el tercer día. Agrupó las aguas y las llamó mares y dio a revelar la tierra seca. Ya para este punto las condiciones eran adecuadas para la vegetación. Dios ordenó que la tierra produjera toda semilla, planta y fruto. (Génesis 1:9-13)  

Día 3: Dios se descargó los apuntes para ver cómo se hacía un ciclo for, porque en clase se dedicaba a tocarse las bolas, y después de muchos bucles infinitos y golpes al ordenador concluyó:

bool tierra_seca=false;
int mares = 0; 

for (int i = 1; i <= agua_cielo+agua_tierra; i++)
{mares = mares + i;}
tierra_seca = true;

Y luego se puso a dibujar pinos con líneas de asteriscos.

Día 4: En el cuarto día Dios creó el sol, la luna y las estrellas.  (Génesis 1:14-19)

Día 4: Dios tuvo un rato entre la comida y el examen de cálculo. Sacó el portátil, abrió world.cpp y le puso int sol,luna,estrellas; 

Día 5: Los primeros animales llegaron en el quinto día de la creación. En esta etapa la creación se estaba poniendo más compleja. Los mares fueron llenos de peces y otros animales marinos. Los cielos fueron llenos de aves. Dios los bendijo y los ordenó a multiplicarse. Esta primera bendición empezó un proceso natural que nada ni nadie ha podido parar. Mientras Dios diga, la vida siempre va a producir vida. Sea de un animal o de un ser humano, la vida es un milagro de Dios. (Génesis 1:20-23)

Día 5: Definió double animales = 100; (porque iban a ser muchos) y con otro ciclo for los hizo aumentar en número:

for (int j = 2; j< infinito; j++)
animales++;

(Obsérvese que el j empezando en 2 es el que nos impide reproducirnos con nosotros mismos) 

Día 6: El punto culminante de la creación ocurrió en el sexto día. Primero, Dios ordena que la tierra produjera todo tipo de bestia. Todo animal que corre, brinca y se arrastra vino a existir durante el día seis.

Día 6: Dios vio que el programa compilaba pero no hacía nada. Claro, se le olvidó poner que los animales tenían que hacer cosas. Así que corrigió:

bool arrastra,corre,brinca,gay;
 for (int j = 2; j< infinito; j++)

{if( arrastra==true || corre==true || brinca==true )
animales ++; 
 else
gay=true;}

Día 7: Dios descansó el séptimo día y lo declaró un día santo. (Génesis 2:1-3) 

Día 7: Dios: "¡Estoy hasta los huevos de esta mierda de C++!, ¡hoy no hago nada, que le peguen fuego! ¡Hoy se sale de fiesta!. Al día siguiente llegó con ojeras a informática.

Dedicado a los que hoy sufren porque tienen que entregar los ejercicios mañana y están deseando que Dios coja world.cpp y le dé a suprimir. (En especial a un pequeño fantasmita que lo ha hecho posible). 



Imagínese que un día se le presenta un señor que dice llamarse doctor Mefistófele. Le ofrece, a cambio de firmar un pequeño contrato, toda la suerte que pueda desear en la vida. Y como prueba de su buena fe, antes de que se comprometa desea demostrárselo. Le inscribe en un torneo de lanzamiento de monedas donde habrá que competir contra 10 contrincantes. El doctor Mesfistófele le informa que, merced a su intercesión, usted ganará los diez encuentros. Usted, intrigado por la propuesta, acepta. Se enfrenta con el primer contrincante, y gana. La segunda vez también gana. En la tercera, la cuarta, y así hasta la novena confrontación, ya diga usted cara o cruz, la moneda lanzada por un árbitro neutral sale del lado que le da como ganador. Sólo queda la final. El último lanzamiento. Usted casi no puede creer en tanta suerte. Antes de proceder a la última jugada, el doctor Mefistófele le recuerda que, si gana, ha de firmar con un poco de su sangre un pergamino que casualmente lleva encima. Usted medita unos instrantes y, como es algo ducho en matemáticas, reflexiona sobre las posibilidades de acertar en un concurso de "cara" o "cruz" diez veces seguidas. Y se dice: 

"Ganar la primera vez no era difícil, la probabilidad de que saliera lo que yo dijera era del 50%. Ganar dos veces seguidas era más complicado, pues la probabilidad era 50% x 50%, o, lo que es lo mismo, 0,5 · 0,5 = 0,25, una probabilidad entre 4. Siguiendo este razonamiento, resulta que la probabilidad de acertar 10 veces seguidas lo que va a salir en un lanzamiento de monedas es de 0,00097656%, o, lo que es lo mismo, una posibilidad entre 1.024"

Pasado el primer atisbo de incredulidad, le dice al doctor Mefistófele que acepta y procede con la última suerte del torneo. Y gana. La moneda obedece a sus designios. Convencido de que tan ínfima probabilidad sólo puede deberse a la intercesión sobrenatural de su patrocinador, firma el contrato que le presenta. La pequeña herida en el brazo apenas le ha dolido pensando en lo que podrá conseguir con semejante don que acaba de adquirir...
No repara, claro, en los 1.023 jugadores que ha ido dejando en la estacada, en cómo a su vez estos jugadores tenían un patrocinador con barbita parecida a la de su doctor Mefistófele y que desaparecía cada vez que su protegido perdía. Y es que los diablos saben muchas matemáticas y saben que diciéndole lo mismo a 1.024 jugadores, uno de ellos (no tendría que haber sido usted, pero siempre habría un "usted") sería el ganador. Las matemáticas no dicen quién será el ganador, pero sí que habrá un ganador. Y los diablos lo saben. Y saben que sólo se necesitan 1.024 incautos para conseguir un alma, en este caso la suya. 
¡Desconfíe de la suerte, y de las probabilidades! Sobre todo, si con ellas pretende seducirle un señor bien vestido, de ademanes educados y barba de chivo.



Lamberto García del Cid, La sonrisa de Pitágoras; Matemáticas para dilectantes. 2006



Un señor y su sirviente llegan a Nazaret en busca de telas de seda y aceite de más allá del meditarreneo.
El sirviente busca y busca entre los puestos de mercaderes honrados, cuando para su sorpresa, en uno de ellos estaba la muerte.
Palideció y ya había girado sobre sí mismo cuando sintió un frío aliento en su espalda. deshizo el giro, la muerte lo estaba señalando.
Volvió corriendo con su señor:
-¡Señor, señor! Necesito que me libere y me deje su caballo.
-¿Cuál es el motivo de tal proposición?
-La muerte me persigue y tengo que huir de ella, si logro llegar a Cafarnaún, que está a dos días a caballo pero 7 a pie, seguro que la despisto.
El compasivo pero incrédulo señor y su siervo llegan a un acuerdo; el esclavo tomaría prestado el caballo de su amo y sería liberado durante 7 días. Más tarde, debería volver a la casa del señor, de lo contrario, una recompensa sería ofrecida por su cabeza.
Una vez hubo partido el siervo a lomos del caballo, el dueño de este pudo ver cómo la muerte vagaba entre los puestos del mercado. Escalofriado, se acerca a ella y entona:
-¿Por qué asustas a mi siervo?
A lo que la muerte responde:
-No trataba de asustarlo, solo me sorprendió verlo aquí en Nazaret cuando su muerte estaba prevista dentro de solo dos días en la lejana ciudad de Cafarnaún...